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jueves, 24 de octubre de 2013

Era una apacible tarde de agosto...

Era una apacible tarde de agosto, y una suave brisa de verano envolvia sus rubios rizos, casi dorados por el sol. Pero eso no parecia hacerla sentir mejor. Caminaba, caminaba sin rumbo alguno. En busca de todo, sin encontrar nada. O quizás en busca de nada y encontrando demasiado. Sus pensamientos obnubilados por sus recuerdos pasados. Miradas, gestos que para ella fueron todo y para el no fueron nada. Un sin fin de sensaciones le brotaban desde lo mas profundo de sus entrañas, y no sabia cual era la adecuada. Simplemente se habia enamorado de algo irreal, en un sueño que para ella ya habia llegado al fin, que para él jamás comenzó. Su corazón seguia fuertemente encadenado a él, pero su cabeza comenzaba a hacerse a la idea de la verdad. Ella realmente no esperaba nada de èl, simplemente su amistad y el respeto que se merecia, pero ni eso pudo darle. Su actitud cambió, no quedaba nada de aquel chico encantador por el que ella sentia tanto. Extraños cambios de humor, formas de comportarse que no podia comprender. Jamás pensó que seria capaz de algo así, de pedirle perdón un sin fin de veces, incluso sin haber hecho nada, todo para no perderle. ¿Y todo para que? Para estar cada dia un poco peor. No valia la pena seguir asi, y ella comenzó a comprenderlo. Su presente se cernia en su pensamiento ahora. Habian pasado largos meses, en los que seguia recordando a veces aquellos momentos, pero ya estaba casi olvidado. Empezaba a sentirse bien. Liberada, por fin desenamorada. Y llegó él. Otras miradas mágicas, otros gestos dulces, ¿otro amor? No podia ser verdad, no podia sucederle esto a ella, otra vez no. Otro chico especial, ¿otra falsa buena persona? No. Él no seria así. Pero todo comenzaba igual. Misma relación. Mismas circunstancias. Y mismos sentimientos. Talvez no. Talvez esta vez podria luchar contra sus emociones. O no. Era tan bueno, tan amable, tan... Único. Ella estaba segura de que jamás tendria nada con él. Él no sentia nada por ella, era pura amistad. Y ella nunca tendria el valor para decirle nada sobre sus sentimientos. Seria arriesgar demasiado. Pero habia una cosa que sabia segura, y es que él no le fallaria. No le haria sentir tan estupida, no la trataria mal. Él si estaria ahí cuando ella le necesitase y sin que ella se lo pidiese. Él no era un niñato, era un chico de verdad.
Y sin saber por que, en ese momento sus ojos se llenaron de lágrimas. Eran gotas caidas de un arco iris de emociones. Todas mezcladas. Sin saber cual tenia más fuerza, cual le hacia más daño y cual más feliz. Sin saber exactamente nada, pero guardando todo en su interior. Perdida entre sus sentimientos se tropezó con él. Y él sin decir nada le dio ese abrazo que tanta falta  habia hecho desde hacia tanto tiempo, y que nadie le habia sabido dar. Entonces supo que todos sus pensamientos eran acertados. Y que quizás un dia si encontrase el valor entre tanta lágrima.

Invierno de 2009