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viernes, 21 de febrero de 2014

Manos

El restaurante está lleno, pero es como si no hubiese nadie. Entre bocado y bocado mil miradas, y entre plato y plato se me corta la respiración. No ha pasado nada especial en estas décimas de segundo, almenos nada más especial aún que el poderte mirar. Y me coges de las manos, y me quedo con la mirada perdida en ellas.

Recuerdo. Recuerdo la primera vez que nos vimos, y que me dijiste que tenias manos de abuelo. Ya aquel día me faltaron segundos para enamorarme de tus manos, que son perfectas, como más tarde me enamoraría de ti.

Recuerdo la primera vez que nuestras manos de fundieron. Sentados en tu coche, en una de esas despedidas eternas sin hablar pero sin querer separarnos. No éramos nada, pero se notaba que un dia seríamos todo. Y en medio del silencio mi mano se posó sobre la tuya, ambas sobre las marchas. El silencio seguia, y se que ambos nos moriamos de vergüenza.

Y me preguntas en que pienso. Y te digo todo esto. Me gusta ver como te emocionas cuando te digo estas cosas, y me gusta emocionarme contigo, y que seamos dos tontitos atolondrados por el amor y los recuerdos.