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jueves, 2 de octubre de 2014

Voluntariados

Hace ya algún tiempo que llevo planteándome el hacer un voluntariado…

Iep ep ep, despacio, no aceleres tanto Raquel, paso a paso.

Desde hace mucho que no siento que haga nada de provecho, de hecho ni siquiera sé si alguna vez he hecho algo que valga la pena. Bueno, ya sabéis que este blog es lo único que rompe esa afirmación, pero entrar más en ello me haría ser demasiado repetitiva, más de lo que ya soy…
Siempre ha habido algo dentro de mí con ganas de ayudar a los demás, de hacer algo altruista que le llaman. Esto suena muy bien, muy generoso y solidario, pero probablemente haya en esa idea una buena parte de egoísmo. Porque sentirse útil nos hace limpiar nuestra conciencia, aunque por suerte yo la tengo bastante limpia.

Pues aquí es donde vienen esas ganas de hacer un voluntariado. Vale, la idea no surge de la nada en mi espontáneamente, hay algo que ha hecho un poquito de click últimamente para interesarme más en el tema y planteármelo enserio. Un día hablando con una amiga (de la que sabréis un poquito más si leéis la entrada hasta el final) me dijo que ella había hecho unos voluntariados, y mi yo interior me dijo "Raquel, deberías informarte y planteártelo enserio", y así ha sido.

Todavía no he hecho ninguno, he de aclararlo, y aunque este cuatrimestre me resultaría muy complicado compaginarlo, es algo que no pienso sacar de mi mente, quiero hacerlo y ¡lo haré!

Con esta idea en mi cabeza, me propuse hacer esta entrada, pero contaros exclusivamente mis ganas de hacerlo me parecía soso y sin interés… Así que he pedido ayuda por las redes para traeros testimonios reales, de gente real.

Le pedí a mi amiga Laura que escribiese un poco de su experiencia para poder hacer esta entrada, y ella, que es un amor, accedió sin problemas :) Esta es su visión:


"Me introduje en el mundo del voluntariado prácticamente de casualidad pero con el claro propósito de intentar cambiar el mundo, de luchar para transformar las cosas, de empezar a actuar contra las desigualdades; sentí que mi vida necesitaba un cambio, no quería seguir formando parte de esa sociedad que ignora lo que ocurre a su alrededor por callar y no actuar, porque TODOS sabemos que algo falla, que algo no va bien, pero son pocos los que toman la determinación de intentar cambiarlo.

De esta manera, con el sentimiento de querer formar parte de un grupo que creyera en la idea de que otro mundo es posible, decidí unirme a un movimiento voluntario de personas que pretendían luchar contra el fracaso escolar, sí, esa situación que afecta al 24 % de los jóvenes catalanes y que a día de hoy las instituciones todavía no han logrado arreglar. Éste fue el primer paso que di en este nuevo mundo que estaba empezando a conocer, y aquí descubrí que el voluntariado es como una rueda que cuando empieza a girar ya nadie la puede parar, pues cada giro te muestra otros proyectos, te abre nuevas puertas y te da la oportunidad de conocer la realidad educativa y social. Así pues, decidí dejarme llevar y seguir girando con esta rueda, en la que llevo ya tres años.

Haciendo un balance de mi experiencia como voluntaria me doy cuenta de la gran cantidad de cosas que he aprendido, cosas que no están en los libros, que mis profesores nunca pudieron enseñarme; aprendí a luchar contra las desigualdades, aprendí que esta lucha nos concierne a todos y que un solo individuo no puede cambiar el mundo, que lo principal es la unión de las personas, que a todos nos gusta que nos tiendan la mano. Y sobre todo, y más importante, descubrí que me hice voluntaria para ayudar en alguna causa o a alguien sin esperar nada a cambio y que, sin darme cuenta, a quien todo esto ha ayudado es a mí. Toda la energía transmitida, todas las horas que escuchas, los ánimos que das, las sonrisas que regalas, los consejos que facilitas, la confianza que les cedes… todo esto vuelve a ti cuando menos te lo esperas.

Realmente, no somos conscientes de la gran cantidad de desigualdades que nos rodean y de cómo podemos reducirlas hasta que no nos unimos a un movimiento voluntario de personas. Es entonces cuando descubres lo pequeña que puedes llegar a ser y de la infinidad de causas y personas que necesitan ayuda, que necesitan tu ayuda, tu mano, tus ganas y un poco de tu tiempo. Que ser voluntario es algo más que tener voluntad de mejorar; significa cooperar, unir fuerzas, aprender a confiar en las personas, poner tu granito de arena para intentar cambiar tu alrededor, tener la oportunidad de ver que aún existen personas con ganas de ayudar sin esperar nada a cambio, significa que sus problemas son mis problemas, significa compartir, significa responsabilidad, perseverancia, orgullo, alegría. Pero descubrir todo esto no es fácil, el camino que recorres no es sencillo y está lleno de obstáculos que tienes que superar y de dificultades que tienes que afrontar, y es que, serán muchas las veces en que los resultados tardarán en llegar, en que te cuestionarás si realmente lo estás haciendo bien y si resultas útil, pero siempre, a pesar de todo, siempre, vale la pena. Cuando te vuelcas con esos niños y les cedes tu tiempo y tu máxima confianza, ellos te regalan un poco de su magia, de su inocencia y de su carisma.

En definitiva, ser voluntario te recuerda cada día que el mundo es enorme y que evidentemente no es perfecto, pero que TÚ puedes hacerlo un poco mejor."



Por otro lado, hay otras dos personas, a las que por cierto no conozco jaja, que me han contado su experiencia como voluntarias.

Untzi nos cuenta esto:

"Desde jovencita siempre me ha gustado la idea de poder ayudar a la gente que lo necesita porque no cuesta nada y además hace sentir súper bien cuando lo haces.

Mi época de Voluntariado no fue muy amplio, si no me equivoco estuve de voluntaria como 7 meses y lo hice cuando tenía 18 años, nada más cumplir mi mayoría de edad tuve la necesidad y así lo hice.

Nos juntamos tres amigas y fuimos a un centro de ancianos a ayudar durante varias horas.

Mi lugar de "trabajo" era una institución llamada "Las Hermanitas de los Pobresque es un lugar para ancianos que no pueden permitirse una residencia para cuando los familiares los desechan porque los ven como cargas o familiares que no pueden hacerse cargo de ellos, que lo hay de todo te puedo decir.

Nuestro trabajo era muy fácil, nos dedicábamos a dar de comer a los ancianos y después de estar con ellos dándoles conversación y estando con ellos un rato para que no estuvieran solos.

En el centro conocí a personas maravillosas de las que guardare un magnifico recuerdo pero también te diré que es un trabajo a veces duro y no muy grato porque tratas con personas mayores que no tienen a nadie o personas que están solas y enfermas.

Conocí a unos abuelitos muy tiernos de los que todavía me acuerdo, te contaban tus historias de jovencitos y sus andaduras por el mundo lo que para una chica de 18 años es una pasada. Pero de la persona que mejor recuerdo tengo y de la que me acordare fue de una mujer no muy mayor con la que solía hablar todas las tardes que me contaba lo sola que estaba porque ninguno de sus hijos iban a verla, la dejaron allí como si fuera un despojo, lo cual a mí me partía el alma y por eso siempre estaba con ella charlando o leyendo libros o jugando a lo que fuera.

Llegar a mayor no es tarea fácil porque muy pocas personas llegan perfectas porque la edad al final hace mella y soy consciente de que es muy duro vivir solo y exclusivamente para el cuidado de padres, tíos o abuelos pero si tengo clara una cosa y es que si no quisiera cuidar a un familiar lo llevaría a una residencia donde supiera que le iban a tratar bien e iris a visitarlo lo máximo posible para que no sintiera abandono.

Las personas mayores no son perros, ni juguetes rotos que puedes tirar a la basura….son personas que sienten y padecen y que un día dieron todo por darte la mejor vida y creo que tu cariño es lo mínimo que se merecen."



Y en cambio, Adela nos cuenta otro tipo de voluntariado…

"Lo he sido de muchas cosas, pero es lo que hago ahora es un voluntariado cultural que no es tan común en nuestro país y que desgraciadamente está muy descuidado.

Hay muchos museos en la ciudad de México, dicen que es una de las ciudades que tiene más, pero no todos existe un servicio de información o más bien facilitadores de dicha expo.



Actualmente dedico unas pocas horas a dar servicio de visitas guiadas en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, museo dedicado a las exposiciones temporales de arte general en la ciudad de México.  Aparte de ser un edificio que es actualmente patrimonio barroco colonial de la ciudad, y aparte cuna de los movimientos artísticos más importantes de México que es el Movimiento muralista (iniciado en 1922). 

En fin, llevo desde que salí de mi carrera turismo (7 años), apoyando  en el museo como guía docente. No importa la edad, solo te piden las ganas de aprender y enseñar, por lo que, cada vez que hay una expo nueva, (se cambian cada 6 meses) es como volver a ir a la escuela, te dan cursos (pues tienes que tener bases para sustentar tu información) hasta hay exámenes, pero vale la pena. A mí me ha brindado mucho este lugar, pues trato con muchos visitantes que nos vienen a conocer."


Yo no tengo muy claro que tipo de voluntariado me gustaría hacer la verdad. Me encanta la cultura por ejemplo, pero me da bastante pánico las exposiciones y hablar en público y tal...así que no me parece muy buena opción jaja

Ayudar a la gente es algo que siempre he querido, creo que si tenemos la posibilidad de ayudar a alguien, todos deberíamos hacerlo. Adoro a los niños, por lo que esa podría ser una buena opción, ¿no creéis? 

No se, no se...tengo que meditarlo muy bien e informarme bien del tema jeje. Pero me ha servido de mucho leer estas experiencias para afianzar más mis ganas :) 

¿Alguien más ha hecho alguno? ¿O alguien también está con el tema rondándole la mente? jeje