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martes, 25 de febrero de 2014

Desahogo

Escribo por que me libera. Escribo para mí. Siento como la frustración, la pena, la desolación, la indignación, e incluso la rabia sube por mis venas. Y ésta es mi mayor fuente de desahogo.

Lloro. Si, lloro. Suelo llorar. También me desahoga. Pero mis llantos solo calman mi corazón. La mente sigue run run y erre que erre. Y escribo. Y no solo vomito lo que siento. Intento expresarme bien. Y me siento mejor. Me tranquiliza escribir. Y me purifica hacerlo lo mejor que puedo.

Escribo hoy por llevar dias hecha polvo. Porque la mente y el fisico me están poniendo la zancadilla y no logro levantarme del todo. No se expresar como me siento hoy. Puede que no sepa como me siento. O lo que es peor, no se porque me siento así. Así. ¿Así como? Dejémoslo en "así". Por eso escribo sobre lo que me aporta escribir. Porque hoy necesito expresarme y no se ni sobre que.



No solo escribo. ¡La música! La música libera. Y estoy convendida de que esto nos pasa a todos.
Hay dias en los que la pena necesita pena para retroalimentarse, luego ya se irá cuando haya dado todo de sí. Otros dias (como hoy lo ha sido para mi), necesitamos desconexión. Y para mi desconexión y volumen alto van de la mano cuando de música se trata. Y me pongo la música muy alta. No oigo nada. No hay coches rugiendo, ni niños por la calle. No hay megafonia en el tren. No hay mundo. Todo se mueve, pero ajeno a mi. Y eso es lo que busco. Se suprime todo hasta tal punto que no oigo mis propios pensamientos. No conozco otra forma de poder prescindir de ellos. Y canto a todo pulmón. No quiero parecer una loca en plena calle, así que son gritos en silencio. Pero me vacían de malos sentimientos igual que si estubiese dando un gran concierto. Y siento ganas de bailar, de chillar más y más, quiero saltar. Y el mundo no existe. Ni tampoco los problemas.